Para el 18 fui a Concepción y me comí aproximadamente un corral entero de vacas. Pobres vacas. Me las devoré. Al igual que los pollos del otro día. No hay nada que hacer conmigo. Me he convertido en una carnivora. Antes, no comía nada de carne. Pero naaaada. Ni siquiera la carne camuflada que viene adentro de una lasaña. Tampoco comía alimentos enlatados, ni tomaba bebidas gaseosas, ni nada que contuviera amarillo crepúsculo ni colorantes. También le hacía el quite al azúcar y a las harinas refinadas. En resumidas cuentas, era entera aburrida. Lamentablemente esta etapa de monje tibetano la viví en parte en EEUU por lo que no pude disfrutar como disfrutaría ahora esas comidas grasientas y exquisitas, carnes asadas y postres llenos de azúcar que pasaban por mi lado y yo con religiosa devoción rechazaba. Claro que de todos modos me comí toda los platos thai que pusieran al frente mio, asi como los 8 mil sushi rolls que ingerí y falafel sandwich que tarde por medio le compraba al señor de El Libano que tenía su mini tienda al frente de mi departamento.
Distinto fue cuando estuve de intercambio en Kansas City. Y yo tenía apenas 17 primaveras y engullí todo lo que me pusieron por delante. Lease: todo. No discriminaba. Engordé como nunca. Yo soy flaca y nunca engordo. Pero ese año viviendo con mis padres gringos que comían peor que Los Simpson, engordé como nunca. Tomaba desayuno a las 7 de la mañana. Cereales, pan, leche, donuts. Antes de entrar a clases de historia que era mi primera clase en el colegio -uno público que era mejor que cualquiera privado que haya acá en Chile. Cancha de tennis, piscina olimpica, golf, salas de video, cámaras de televisión, sala de radio. IN CRE I BLE- pasaba a la cafetería y me aperaba de snacks para sobrevivir hasta las doce del día hora del almuerzo y momento en que me devoraba una pizza, una hamburguesa, una coca cola y el resto del almuerzo de mis amigos. Lo mismo seguía haciendo durante el resto del día y del año: comer. Y, apenas pisé suelo chilenos al bajarme del avión, bajé inmediatamente esos kilos de más. Sin hacer dieta ni nada. Nuna he hecho una dieta en mi vida. Fue sólo el cambio de comida.
Años después me dio por no comer carne. Y me puse de lo más sana que hay. Aburrida. O como quieran llamarle. Ahora como de todo. O casi todo. Aunque a veces me viene la obsesión de monje tibetano nuevamente y me pongo a tomar litros de té verde. Porque por Dios que tomo té verde. F me odia de tanto té que tomo durante el día. Me mira con cara de: y a esta qué le pasa que circula todo el dia con un litro de té para acá y para allá. Para acá y para allá. Pero el pobre ya está acostumbrado a mirarme con esa cara últimamente porque mi carácter ha estado de lo más volatil.
El té verde forma parte de la dieta de desintoxicación que estoy haciendo producto de tanta pobre vaca que me comí. Por estos días estoy a punta de verduritas y té y verduritas y ensaladitas. Demasiado aburrido. Seguro me dura hasta mañana que es sábado. Aunque me imagino que, por lo menos, hará bien comer sano durante al menos 24 horas. Quién sabe.
Veamos hasta cuando me dura la dieta detox post 18. Por ahora voy a seguir viendo el Jetman. Yo estaba mirando el debate gringo pero F está obsesionado con ese señor que cruzó el canal de la mancha volando. Al más puro estilo pájaro. Y yo acá escribiendo este post. Cada loco con su tema.
Feliz primavera para todos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
:)
viernes, 26 de septiembre de 2008
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Nombre
Yo no tengo hijos. Pero tenía el nombre. El nombre escogido hacía mucho tiempo atrás. Yo fantaseaba con el nombre. Lo escribía y lo decía en voz alta. Y claro, la hija se ha demorado en llegar (porque es un nombre de mujer), y se ha demorado y se ha demorado. Y yo, con infinita paciencia que he tenido que aprender a cultivar, la espero. Porque sé que va a llegar.
Tengo dos amigas con las que seguíamos este tema del embarazo. Cada mes esperábamos juntas para saber si estábamos o no. Sufríamos, llorábamos y nos estresábamos. A veces, hasta nos reíamos. De la pura tensión supongo.
Y cada una de nosotras, también, tenía su nombre reservado. No teníamos hijos. Pero teníamos nombres. Y hablábamos de ellos. Como si hubieran existido.
Olivia era el mio. Todas sabían que ese era mi nombre. Digamos que teníamos un acuerdo tácito al respecto. Nadie tocaba el nombre de la otra.
Finalmente, una de estas amigas quedó embarazada primero. Y sorpresa, era mujer la criatura. Todas muy contentas aunque también bastante deprimida yo porque nada de nada, celebramos este embarazo comiendo sushi y observando la primera ecografía. Y el nombre que su madre tenía destinado para esta niñita de hacía tiempo ya, al padre, marido de mi amiga, no le gustó. Por lo que, sin dudarlo, comenzamos a buscarle nombres nuevos. Encontré muchos. Y se los mandé por mail. Pero, vaya que casualidad, me da la gran noticia, notición, que le va a poner a su hija Olivia porque a su marido le encanta el nombre y a ella, obvio, también. Le dije que no. Que por favor no lo usara. Pero ella, lógico, no se movió ni un centimetro de su decisión.
Entonces me puse a llorar. Y lloré practicamente una tarde entera. No podía parar. F me intentaba consolar. Y yo, dale que dale llorando.
Lloré porque ese era MI nombre. MI NOMBRE. La madre de la criatura x nacer, me dijo qeu daba lo mismo, que las dos se podían llamar igual y bla bla bla. Pero yo no he podido superarlo. Yo me muero de la pena y me duele en el alma, porque mi hija ya no se va a llamar Olivia. Porque su nombre se chacreó. Fue contaminado con malas vibras antes de nacer. Fue motivo de conflicto y yo ahora ya no le quiero poner así. Tal vez son las hormonas que me han puesto. Tal vez estoy demasiado sensible. Tal vez dé lo mismo. Pero a mi me hizo tremendamente mal que me hayan robado mi nombre que yo hasta cariño le tenía. Yo sé que no tengo la propiedad intelectual de aquel nombre, pero era un acuerdo implícito entre las tres.
Ay que pena me da, Olivia hija mia, ya no te llamarás así, pero por favor apúrate en venir que te estoy esperando, ahora con un nombre mucho más bonito y único. Ven rápido por favor antes que me sigan robando tu lindo nombre !!!!!
Tengo dos amigas con las que seguíamos este tema del embarazo. Cada mes esperábamos juntas para saber si estábamos o no. Sufríamos, llorábamos y nos estresábamos. A veces, hasta nos reíamos. De la pura tensión supongo.
Y cada una de nosotras, también, tenía su nombre reservado. No teníamos hijos. Pero teníamos nombres. Y hablábamos de ellos. Como si hubieran existido.
Olivia era el mio. Todas sabían que ese era mi nombre. Digamos que teníamos un acuerdo tácito al respecto. Nadie tocaba el nombre de la otra.
Finalmente, una de estas amigas quedó embarazada primero. Y sorpresa, era mujer la criatura. Todas muy contentas aunque también bastante deprimida yo porque nada de nada, celebramos este embarazo comiendo sushi y observando la primera ecografía. Y el nombre que su madre tenía destinado para esta niñita de hacía tiempo ya, al padre, marido de mi amiga, no le gustó. Por lo que, sin dudarlo, comenzamos a buscarle nombres nuevos. Encontré muchos. Y se los mandé por mail. Pero, vaya que casualidad, me da la gran noticia, notición, que le va a poner a su hija Olivia porque a su marido le encanta el nombre y a ella, obvio, también. Le dije que no. Que por favor no lo usara. Pero ella, lógico, no se movió ni un centimetro de su decisión.
Entonces me puse a llorar. Y lloré practicamente una tarde entera. No podía parar. F me intentaba consolar. Y yo, dale que dale llorando.
Lloré porque ese era MI nombre. MI NOMBRE. La madre de la criatura x nacer, me dijo qeu daba lo mismo, que las dos se podían llamar igual y bla bla bla. Pero yo no he podido superarlo. Yo me muero de la pena y me duele en el alma, porque mi hija ya no se va a llamar Olivia. Porque su nombre se chacreó. Fue contaminado con malas vibras antes de nacer. Fue motivo de conflicto y yo ahora ya no le quiero poner así. Tal vez son las hormonas que me han puesto. Tal vez estoy demasiado sensible. Tal vez dé lo mismo. Pero a mi me hizo tremendamente mal que me hayan robado mi nombre que yo hasta cariño le tenía. Yo sé que no tengo la propiedad intelectual de aquel nombre, pero era un acuerdo implícito entre las tres.
Ay que pena me da, Olivia hija mia, ya no te llamarás así, pero por favor apúrate en venir que te estoy esperando, ahora con un nombre mucho más bonito y único. Ven rápido por favor antes que me sigan robando tu lindo nombre !!!!!
lunes, 8 de septiembre de 2008
Soy valiente
Me creo la muerte porque hoy por primera vez en mi vida me puse una inyección. En la panza. Me sentí increíble. Y me doy cuenta que la necesidad hace que uno pueda hacer las cosas que antes jamás pensó que podía hacer.
Resulta que F me las ponía. Pero hoy le dio con que la aguja no entraba y estaba mala. E intentó dos veces y no la pudo poner. Entonces le dije: pasa para acá, correte, déjame a mí....él se fue para otra pieza y zás, me la planté. La aguja entró enterita enterita. Fue raro. Desapareció en mi rollo. Y fue ahí cuando le tiré todo el liquido para adentro. Me dolió un poquito. Pero después me sentí excelente. Me sentí capaz de todo. Nunca tanto como para hacer un transplante de corazón, pero si me sentí bastante bien porque yo realmente pensé que no podía. Ni loca me la ponía yo.
Soy valiente. Me creo la muerte.
Ahora estoy más tranquila y programando mi viaje al sur. El viernes tenemos entradas para el Cirque du Solei y de ahí, para Conce los boletos. A descansar. Espero poder hacerlo porque entre tanta actividad social y familiar en conce city, a veces termino más cansada que acá en Santiago.
La semana pasada me vi casi enterita la convención republicana. Ahora todo el mundo sabe quien es Sarah Palin (la mujer que Mc Cain eligió como vicepresidenta). Antes no la conocía nadie. AHora la conoce todo el planeta. Pero todo. La Palin fue reina de belleza y sale a cazar alces en Alaska. Cómo alguien puede esconderse detrás de un árbol y dispararle a un pobre alce? x dios santo qué le pasa por la cabeza??? La Palin es miembro de la asociación del rifle. qué diablos es la asociación del rifle???? La Palin tiene un hijo de 19 años que por estos dias se va a Irak. Cómo alguien puede estar feliz y tranquila si su hijo se va a Irak????? La Palin ama la guerra y encuentra fantástico que EEUU esté en Irak. Ella lo encuentra casi orgásmico y considera que es practicamente una misión divina el ir a matar iraquies. Mc Cain basa su campaña en los años que estuvo prisionero en Vietnam.
Yo no entiendo nada. No entiendo a los republicanos. Y su manera tan bélica de pensar. Y sus guerras y su imagen cartuchenta que proyectan. Y la pobre hija de la Palin que tiene 17 años y está embarazada producto de su calentura de adolescente y la ponen en la convención con el novio extra niño que tiene que no supera los 18 años. Los ponen en exhibición para demostrar lo solida de su relacion que va directo al altar.
También me vi la convención demócrata. Obvio. Porque yo soy una hija adoptiva de ese pais y me interesa todo lo que ahi pasa. y Veo a Obama y su señora afro americana y sus niñitas afro americanas saludando felices a la multitud. Y me impacta cómo ese pais tremendamente racista ha avanzado tanto cuando hace cosa de 50 años atrás no dejaban a los pobres negros sentarse en las micros ni ir a clases con los blancos- de una pata en el trasero los sacaban de los lugares exclusivos para blancos. Recuerdo a Rosa Park que es como la madre de los derechos civiles. Corria el año 1955y ella, dignamente, y muy firme con sus ideas, no se quiso parar del bus en que viajaba para cederle el asiento a un white. Tremendo batahola que se armó. Dos años después, nueve estudiantes negros tuvieron que entrar al colegio resguardados por el mismisimo ejército para protegerlos de los insultos y los ataques de los white. Estaban recien adoptando la politica de mezclar a blancos con negros para estudiar.
Y aqui tenemos ahora a Obama, muy negro y muy guapo casi llegando a la mismisima casa blanca.
Tremendo avance.
En el día de tu cumpleaños, este post te lo regalo a ti. Con todo mi cariño. Todo todo. Y todo.
Resulta que F me las ponía. Pero hoy le dio con que la aguja no entraba y estaba mala. E intentó dos veces y no la pudo poner. Entonces le dije: pasa para acá, correte, déjame a mí....él se fue para otra pieza y zás, me la planté. La aguja entró enterita enterita. Fue raro. Desapareció en mi rollo. Y fue ahí cuando le tiré todo el liquido para adentro. Me dolió un poquito. Pero después me sentí excelente. Me sentí capaz de todo. Nunca tanto como para hacer un transplante de corazón, pero si me sentí bastante bien porque yo realmente pensé que no podía. Ni loca me la ponía yo.
Soy valiente. Me creo la muerte.
Ahora estoy más tranquila y programando mi viaje al sur. El viernes tenemos entradas para el Cirque du Solei y de ahí, para Conce los boletos. A descansar. Espero poder hacerlo porque entre tanta actividad social y familiar en conce city, a veces termino más cansada que acá en Santiago.
La semana pasada me vi casi enterita la convención republicana. Ahora todo el mundo sabe quien es Sarah Palin (la mujer que Mc Cain eligió como vicepresidenta). Antes no la conocía nadie. AHora la conoce todo el planeta. Pero todo. La Palin fue reina de belleza y sale a cazar alces en Alaska. Cómo alguien puede esconderse detrás de un árbol y dispararle a un pobre alce? x dios santo qué le pasa por la cabeza??? La Palin es miembro de la asociación del rifle. qué diablos es la asociación del rifle???? La Palin tiene un hijo de 19 años que por estos dias se va a Irak. Cómo alguien puede estar feliz y tranquila si su hijo se va a Irak????? La Palin ama la guerra y encuentra fantástico que EEUU esté en Irak. Ella lo encuentra casi orgásmico y considera que es practicamente una misión divina el ir a matar iraquies. Mc Cain basa su campaña en los años que estuvo prisionero en Vietnam.
Yo no entiendo nada. No entiendo a los republicanos. Y su manera tan bélica de pensar. Y sus guerras y su imagen cartuchenta que proyectan. Y la pobre hija de la Palin que tiene 17 años y está embarazada producto de su calentura de adolescente y la ponen en la convención con el novio extra niño que tiene que no supera los 18 años. Los ponen en exhibición para demostrar lo solida de su relacion que va directo al altar.
También me vi la convención demócrata. Obvio. Porque yo soy una hija adoptiva de ese pais y me interesa todo lo que ahi pasa. y Veo a Obama y su señora afro americana y sus niñitas afro americanas saludando felices a la multitud. Y me impacta cómo ese pais tremendamente racista ha avanzado tanto cuando hace cosa de 50 años atrás no dejaban a los pobres negros sentarse en las micros ni ir a clases con los blancos- de una pata en el trasero los sacaban de los lugares exclusivos para blancos. Recuerdo a Rosa Park que es como la madre de los derechos civiles. Corria el año 1955y ella, dignamente, y muy firme con sus ideas, no se quiso parar del bus en que viajaba para cederle el asiento a un white. Tremendo batahola que se armó. Dos años después, nueve estudiantes negros tuvieron que entrar al colegio resguardados por el mismisimo ejército para protegerlos de los insultos y los ataques de los white. Estaban recien adoptando la politica de mezclar a blancos con negros para estudiar.
Y aqui tenemos ahora a Obama, muy negro y muy guapo casi llegando a la mismisima casa blanca.
Tremendo avance.
En el día de tu cumpleaños, este post te lo regalo a ti. Con todo mi cariño. Todo todo. Y todo.
lunes, 1 de septiembre de 2008
desapego
Estuve en Concepción visitando a la familia y especialmente a las maravillas. Me tocaron dias de lluvia. Y cuando digo lluvia, creanme que fue asi: una lluvia intensa que, reconzco, me asustó. Es que realmente llovía como nunca. Casi se me cae el techo de tanta agua que golpeteaba sin parar. Pero a mi me encanta la lluvia. Me encanta el olor a tierra mojada. A pasto, a bosque que sólo allá puedo encontrar.
Los días en el sur, como siempre, se me pasaron volando. Mi maravilla mayor me abrazaba y me decía que no me volviera a Santiago. Que me qeudara un poco más. Y me quedé un poco más: cambié mi pasaje y en vez de regresar el jueves, regresé el sábado. Las maravillas están deliciosas. Para comerselas. Cómo las extraño cuando me voy. Me toma un par de días acostumbrarme a estar sin ellas.
Ya quiero volver. Ahora con mi F. A él le encanta ir a Concepción. Le encanta el campo y armar huertas. Comprar semillas. Podar las plantas. Rescatar a las abejitas de la piscina y hacer pebre con mucha cebolla.
Lo cierto es que ahora que estoy de vuelta en Santiago, he pensado mucho en el tema del desapego. Y creo que es algo que tengo que trabajar. Porque me cuesta mucho. Me cuesta, extraño y sufro. Siempre me ha pasado. Cuando viví en EEUU lo pasé increíble. Tuve amigas que hasta el día de hoy son mis mejores amigas. Viajé. Me metí en cuanta actividad encontré. Hice clases de español, cuide niños que eran unos monstruos, hice de chofer. Hice trabajos voluntarios para niños latinos que venian llegando a EEUU y me enamoré de uno gordito que se llamaba Alfredo y que no entendía ni jota de inglés. De español, más o menos no más.
Lo hubiera metido a la maleta y me lo hubiera traido conmigo.
Pero, a pesar de todo, extrañé. Será normal?
Cuando llegué a instalarme a Santiago, me costó un tiempo acostumbrarme a estar acá. Hasta que me acostumbré. Porque al final uno siempre se acostumbra. A menos que me vaya a vivir a Dubai, allá será más dificil o no?
En fin, así y todo, estoy traumada con el tema de la partida. De la muerte. Me trauma pensar que en cualquier minuto alguien que quiero ya no va a estar más acá. En este plano. Y me viene el pánico. Entonces, en ese momento de pánico, me voy derecho a leer mi libro de cabecera: el libro tibetano de la vida y de la muerte que tan atinadamente me lo regaló mi F en enero de este año. Y lo leo y lo leo y lo re leo. Tengo que encontrar una respuesta a tanta pregunta que tengo. Ahí la encuentro. Y me tranquilizo por un rato.
Después leo el diario y veo que nueve niñitas de 15 años se mataron en el norte en un accidente en bus. Y pienso en mis maravillas. Y pienso en mi hermana. Y pienso en la gente que quiero. Y me da terror. Pienso, también en la gente que ha partido, y me trauma también eso pues hay partidas que aún no me las creo.
Por lo que, nuevamente, entierro mi cabeza en mi libro. Y leo la parte del desapego. Y sé que lo tengo que practicar. Ya que pendemos de un hilo tan fino que en cualquier momento se puede cortar.
Y me repito esta frase una y otra vez: somos seres espirituales viviendo experiencias terrenales. Por un ratito no más.
Los días en el sur, como siempre, se me pasaron volando. Mi maravilla mayor me abrazaba y me decía que no me volviera a Santiago. Que me qeudara un poco más. Y me quedé un poco más: cambié mi pasaje y en vez de regresar el jueves, regresé el sábado. Las maravillas están deliciosas. Para comerselas. Cómo las extraño cuando me voy. Me toma un par de días acostumbrarme a estar sin ellas.
Ya quiero volver. Ahora con mi F. A él le encanta ir a Concepción. Le encanta el campo y armar huertas. Comprar semillas. Podar las plantas. Rescatar a las abejitas de la piscina y hacer pebre con mucha cebolla.
Lo cierto es que ahora que estoy de vuelta en Santiago, he pensado mucho en el tema del desapego. Y creo que es algo que tengo que trabajar. Porque me cuesta mucho. Me cuesta, extraño y sufro. Siempre me ha pasado. Cuando viví en EEUU lo pasé increíble. Tuve amigas que hasta el día de hoy son mis mejores amigas. Viajé. Me metí en cuanta actividad encontré. Hice clases de español, cuide niños que eran unos monstruos, hice de chofer. Hice trabajos voluntarios para niños latinos que venian llegando a EEUU y me enamoré de uno gordito que se llamaba Alfredo y que no entendía ni jota de inglés. De español, más o menos no más.
Lo hubiera metido a la maleta y me lo hubiera traido conmigo.
Pero, a pesar de todo, extrañé. Será normal?
Cuando llegué a instalarme a Santiago, me costó un tiempo acostumbrarme a estar acá. Hasta que me acostumbré. Porque al final uno siempre se acostumbra. A menos que me vaya a vivir a Dubai, allá será más dificil o no?
En fin, así y todo, estoy traumada con el tema de la partida. De la muerte. Me trauma pensar que en cualquier minuto alguien que quiero ya no va a estar más acá. En este plano. Y me viene el pánico. Entonces, en ese momento de pánico, me voy derecho a leer mi libro de cabecera: el libro tibetano de la vida y de la muerte que tan atinadamente me lo regaló mi F en enero de este año. Y lo leo y lo leo y lo re leo. Tengo que encontrar una respuesta a tanta pregunta que tengo. Ahí la encuentro. Y me tranquilizo por un rato.
Después leo el diario y veo que nueve niñitas de 15 años se mataron en el norte en un accidente en bus. Y pienso en mis maravillas. Y pienso en mi hermana. Y pienso en la gente que quiero. Y me da terror. Pienso, también en la gente que ha partido, y me trauma también eso pues hay partidas que aún no me las creo.
Por lo que, nuevamente, entierro mi cabeza en mi libro. Y leo la parte del desapego. Y sé que lo tengo que practicar. Ya que pendemos de un hilo tan fino que en cualquier momento se puede cortar.
Y me repito esta frase una y otra vez: somos seres espirituales viviendo experiencias terrenales. Por un ratito no más.
domingo, 17 de agosto de 2008
Pollos
Decidí dejar de comer pollo. Decidí dejar de comerlo luego de ver un programa en la televisión donde mostraban cómo un señor en su granja de Nueva Orleans mataba sus pollos para después desplumarlos y comerciarlizarlos.
Al pollo lo metía en una especia de embudo de lata. Con las patas para arriba y la cabeza que le asomaba por abajo. Entones, rápidamente, para que no sufriera, le doblaba el pescuezo. Supuestamente, el plumifero moría instantaneamente. Pero yo vi cómo movia sus paptas. Y las movía. Y las movía. Como un plummifero desesperado. Agonizante. Fue tan fuerte que tuve que mirar para otro lado y entonces, decidí dejar de comer pollo.
No es que yo coma tanto. En mi casa jamás hago pollo y sólo lo como a veces cuando está metido en una empanada o en algún plato muy aliñado donde no se perciba su sabor a pescado.
Ayer salimos a almorzar con F. Y pedí una ensalada oriental en uno de estos típicos restoranes de comida gringa que son mi debilidad. Sin pollo, le dije a la mesera. Sin pollo, le repetí.
Al poco rato, llega mi ensalada decorada con grandes pedazos de pollo frito. Bien frito y crujiente. Entonces me echo un pedazo a la boca. Mmmmm, está rico el pollito, le digo a F. Después me echo el otro. Y así. En cuestión de minutos me lo devoré. Y la ensalada, intacta.
Qué poca fuerza de voluntad tengo. Pobres pollos.
Al pollo lo metía en una especia de embudo de lata. Con las patas para arriba y la cabeza que le asomaba por abajo. Entones, rápidamente, para que no sufriera, le doblaba el pescuezo. Supuestamente, el plumifero moría instantaneamente. Pero yo vi cómo movia sus paptas. Y las movía. Y las movía. Como un plummifero desesperado. Agonizante. Fue tan fuerte que tuve que mirar para otro lado y entonces, decidí dejar de comer pollo.
No es que yo coma tanto. En mi casa jamás hago pollo y sólo lo como a veces cuando está metido en una empanada o en algún plato muy aliñado donde no se perciba su sabor a pescado.
Ayer salimos a almorzar con F. Y pedí una ensalada oriental en uno de estos típicos restoranes de comida gringa que son mi debilidad. Sin pollo, le dije a la mesera. Sin pollo, le repetí.
Al poco rato, llega mi ensalada decorada con grandes pedazos de pollo frito. Bien frito y crujiente. Entonces me echo un pedazo a la boca. Mmmmm, está rico el pollito, le digo a F. Después me echo el otro. Y así. En cuestión de minutos me lo devoré. Y la ensalada, intacta.
Qué poca fuerza de voluntad tengo. Pobres pollos.
domingo, 10 de agosto de 2008
Fin de semana
Felipe está experto en poner inyecciones y yo estoy experta en hacer pescado frito. Ha sido una evolución lenta, pero exitosa. Me queda realmente bueno. Y lindo. El pescado queda de un color cafecito y crocante. No se deshace y de un sabor notable.
Miramos las olimpiadas. Comemos pescado frito. Miramos más olimpiadas. Y me dan ganas de ir a China. A HK. Donde fui cuando era chica, en el mismo viaje que hice a Japón. Pero no me acuerdo de mucho. Lamentable gasto económico. Algo me debe de haber quedado. Mi gusto tremendo por la cultura oriental tal vez.
En Santiago ha hecho frío este fin de semana. Ya quiero que se acabe el invierno. No como los chinos que se están muriendo de calor. Pero ya vendrá el invierno. Y se morirán de frío, mientras nosotros estemos acá chapoteando en el agua. Total, nada es eterno. Y todo cambia a cada rato. Qué mejor ejemplo que las estaciones?
El otro día vimos una de mis películas favoritas. Almost famous. Un chico aspirante a periodista de unos quince años que viaja con una banda de rock para hacerles una crónica. Buenísima. La vería una y mil veces más.
El otro día abrí la ventana de mi pieza y me encontré con un ejército de hormigas caminado por ella. Algunas entraron. Y no las quería matar. Desde qeu conocí a Felipe, cada día me atrevo menos a matar. Ni siquiera a una hormiga. Las arañas las metemos en un frasco de vidrio y las sacamos para afuera. Vivas. Obvio. Las abejas que caían en la piscina de mi campo el verano pasado, las rescataba con la malla para limpiar las hojas y las dejaba en recuperación sobre el pasto. No puedo matar bichos. Aunque si hubiera una plaga de ratones, sin duda contrataría alguien que los exterminara. Qué contradicción.
El aceite que me sobró del pescado frito del almuerzo de ayer lo puse en un frasco de vidrio, lo cerré bien cerrado y lo boté. Nunca hay que tirar el aceite que se usó x el lavaplatos. Nunca jamás.
Miramos las olimpiadas. Comemos pescado frito. Miramos más olimpiadas. Y me dan ganas de ir a China. A HK. Donde fui cuando era chica, en el mismo viaje que hice a Japón. Pero no me acuerdo de mucho. Lamentable gasto económico. Algo me debe de haber quedado. Mi gusto tremendo por la cultura oriental tal vez.
En Santiago ha hecho frío este fin de semana. Ya quiero que se acabe el invierno. No como los chinos que se están muriendo de calor. Pero ya vendrá el invierno. Y se morirán de frío, mientras nosotros estemos acá chapoteando en el agua. Total, nada es eterno. Y todo cambia a cada rato. Qué mejor ejemplo que las estaciones?
El otro día vimos una de mis películas favoritas. Almost famous. Un chico aspirante a periodista de unos quince años que viaja con una banda de rock para hacerles una crónica. Buenísima. La vería una y mil veces más.
El otro día abrí la ventana de mi pieza y me encontré con un ejército de hormigas caminado por ella. Algunas entraron. Y no las quería matar. Desde qeu conocí a Felipe, cada día me atrevo menos a matar. Ni siquiera a una hormiga. Las arañas las metemos en un frasco de vidrio y las sacamos para afuera. Vivas. Obvio. Las abejas que caían en la piscina de mi campo el verano pasado, las rescataba con la malla para limpiar las hojas y las dejaba en recuperación sobre el pasto. No puedo matar bichos. Aunque si hubiera una plaga de ratones, sin duda contrataría alguien que los exterminara. Qué contradicción.
El aceite que me sobró del pescado frito del almuerzo de ayer lo puse en un frasco de vidrio, lo cerré bien cerrado y lo boté. Nunca hay que tirar el aceite que se usó x el lavaplatos. Nunca jamás.
viernes, 1 de agosto de 2008
Desde las alturas
Cuando vuelo, siento que allá arriba, suspendida en el aire, no pertenezco a lo que pasa allá abajo, en el mundo de los mortales. Los edificios, hasta los más grandes, se ven chiquitos. Parecen de mentira. Así también pasa con las luces, las calles y las carreteras. Para qué decir las casas. Parece que fueran de cartón. Y con una sola soplada, se fueran a derrumbar. Así como el cuento del Lobo y los tres chanchitos desobedientes. Todo parece de mentira y por un rato siento que no pertenezco a ese mundo que gira y gira sin parar. Estresado. Rápido. Lleno de problemas y cosas que hacer.
Entonces me pregunto si no es así como nos ven los que ya se han ido a un plano espiritual. Chicos. Como ridículas hormigas corriendo de un lado para otro. Preocupados de pagar las cuentas. De comprar una casa. De cambiar el auto. ¿Nos verán así?
Felipe me dijo que el otro día soñó con el perro de una amiga. Un perro que ya falleció. El perrito jugaba con sus patitas y las entrelazaba mientras caminaba. Feliz. Felipe me dijo que el sueño tenía un mensaje: nos preocupamos de demasiadas cosas que no tienen importancia. La vida es más simple de lo que parece. La vida puede llegar a ser un juego como el del perrito si así lo queremos. Una ilusión que dura un segundo.
Cuando me muera, sentiré que voy arriba de un avión mirando tranquilamente cómo todos circulan raudamente preocupados de tremendas tonteras?
Entonces me pregunto si no es así como nos ven los que ya se han ido a un plano espiritual. Chicos. Como ridículas hormigas corriendo de un lado para otro. Preocupados de pagar las cuentas. De comprar una casa. De cambiar el auto. ¿Nos verán así?
Felipe me dijo que el otro día soñó con el perro de una amiga. Un perro que ya falleció. El perrito jugaba con sus patitas y las entrelazaba mientras caminaba. Feliz. Felipe me dijo que el sueño tenía un mensaje: nos preocupamos de demasiadas cosas que no tienen importancia. La vida es más simple de lo que parece. La vida puede llegar a ser un juego como el del perrito si así lo queremos. Una ilusión que dura un segundo.
Cuando me muera, sentiré que voy arriba de un avión mirando tranquilamente cómo todos circulan raudamente preocupados de tremendas tonteras?
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